• Evaluación:

Antes de comenzar la terapia es necesario realizar una evaluación en la que el psicólogo explore los problemas y la forma en la que se manifiestan.  El objetivo es recopilar información sobre el motivo de consulta, los antecedentes personales y familiares, la sintomatología y la forma en la que el problema afecta a la vida diaria. Asimismo, en caso de que fuese necesario, se aplicarán pruebas psicométricas. Esta primera fase tiene una duración aproximada de tres sesiones.

  • Explicación de hipótesis:

A partir de la información recogida se transmiten al paciente todos los datos relevantes acerca de su problemática: qué le ocurre, cómo y porqué empezó el problema y cuáles son las variables que influyen y alimentan sus dificultades en la actualidad. Se fijarán los objetivos de la terapia y el modo de intervención más apropiado. Cada persona tiene unas necesidades distintas, por lo que la forma más adecuada de intervención depende del caso particular.

  • Tratamiento/intervención:

Es la fase que más sesiones ocupa ya que es donde empieza a modificarse el problema. El psicólogo enseña al paciente una serie de técnicas y estrategias que le permiten afrontar y solucionar la situación que está viviendo, cambiando aquellos pensamientos y conductas que intervienen de forma negativa en su vida. El tratamiento es personalizado y se adapta a las exigencias de cada paciente, partiendo de una base donde prima la confianza, el respeto y la confidencialidad.

  • Seguimiento:

Esta última etapa se inicia una vez que el paciente comienza a experimentar y a consolidar una mejoría, a la vez que va incorporándose a su vida diaria sin dificultades. El objetivo primordial es evitar recaídas y mantener los logros alcanzados mediante la práctica y el refuerzo de  todas las estrategias aprendidas durante la fase anterior. Las sesiones son cada vez más espaciadas en el tiempo.