La decisión de acudir al psicólogo es algo subjetivo, no existe una normativa que indique cual es el momento idóneo para pedir ayuda, ya que un mismo problema afecta de forma diferente a cada persona.

Por ello, debemos acudir al psicólogo cuando vemos que el problema bloquea nuestra vida llenándola de sensaciones desagradables e impidiéndonos disfrutar de los momentos placenteros.

Siguiendo a la psicóloga María Jesús Álava Reyes, tal y como ha escrito en su libro “La inutilidad del sufrimiento”, para ir al psicólogo es suficiente con que se produzca una de las siguientes situaciones:

1.  Si sientes que has perdido el control en tu día a día.

2.  Empiezas a somatizar y a experimentar diversos dolores o a tener ataques de ansiedad (presión en el pecho, aceleración del ritmo cardiaco, hiperventilación o respiración muy superficial y acelerada, sudoración…).

3.  Eres incapaz de controlar tus emociones (llanto, rabia, angustia, tristeza, desolación, impotencia, desesperanza…).

4.  Te encuentras en una situación límite que no sabes resolver o no tienes fuerza para afrontar (problemas graves de pareja, hijos o trabajo).

5.  No eres capaz de analizar las cosas con objetividad y actuar de forma inteligente.

6.  Tu mente está llena de pensamientos negativos, catastrofistas, obsesiones o fijaciones,  los cuales te impiden vivir la vida con normalidad.

7.  Deseas que la vida se acabe, crees que todo ha perdido su sentido.

8.  Sientes una agresividad  incapaz de controlar que puede desencadenar y conducirte hacía una situación límite.

9.  Piensas que todo el mundo está en tu contra.

10.  Tienes grandes dificultades para descansar, conciliar el sueño, desconectar de situaciones, y no puedes vivir la vida con normalidad.

Asimismo, no es necesario presentar un trastorno psicológico para poder acudir a consulta ya que el psicólogo también puede ayudarnos en nuestro crecimiento personal, a mejorar nuestras habilidades sociales y de afrontamiento, a adaptarnos a nuevas situaciones, a tomar decisiones y a solucionar problemas.

Todos pensamos que somos autosuficientes y que tenemos la capacidad para resolver nuestros propios problemas, sin embargo, muchas veces necesitamos que alguien nos reconduzca o nos oriente porque no sabemos cómo afrontar la situación que estamos viviendo.

Acudir a terapia no es de personas débiles o incapaces, sino que es una decisión valiente, una decisión que puede conducirnos  a coger de nuevo las riendas de nuestra propia vida.